Se registran entre los adultos jóvenes y obedecerían a un ritmo de vida estresante
Ejercitar la memoria, mejorar la calidad de la alimentación, practicar actividad física y descansar adecuadamente, son algunos de los factores que, en adultos jóvenes, evitan los problemas de memoria, según concluyen los últimos estudios médicos.
La recomendación surge luego de que se detectara un continuo aumento de las consultas respecto a las fallas de memoria en jóvenes y jóvenes adultos, un problema que antes estaba casi reservado a la tercera edad.
Los tiempos acelerados y estresantes de la vida cotidiana, las tendencias sedentarias y las nuevas exigencias sociales y tecnológicas, son algunos de los factores que pueden desencadenar dificultades en la memoria, además de algunos factores clínicos detectables con estudios específicos.
Para la neuróloga Marcela Cohen, “los motivos por los que la memoria falla en el caso de los adultos es totalmente diferente a lo que ocurre durante la tercera etapa de la vida”.
En ese sentido diferenció a la memoria de la concentración: “la memoria es el proceso a través del cual las experiencias y habilidades motoras y verbales son conservadas. La concentración en cambio, es la capacidad de realizar tareas a través de la voluntad”.
ANALISIS
Para saber por qué sucede esto habitualmente los médicos indagan en problemas generales como la anemia, trastornos de la función tiroidea, déficit de vitamina B12, ácido fólico o la elevación de homocisteína.
También podrían despejarse dudas en relación a ciertos trastornos tales como el consumo del alcohol y drogas, epilepsia, trastornos del sueño, déficits atencionales y fibromialgia reumática.
La doctora Cohen, especialista de la clínica Suizo Argentina, dijo que, “sin embargo,lo más probable es que la mayoría de los pacientes sólo tenga que considerar cambios en su estilo de vida diario”.
La dieta, según la experta, es uno de los puntos clave y enumeró pautas para tener en cuenta a la hora de contribuir a la salud de la memoria: evitar el consumo de azúcares y aditivos, grasas saturadas y proteínas animales; las hipoglucemias (descenso de azúcar en la sangre), respetando cinco comidas diarias o largos períodos del día sin ingerir alimentos; dormir alrededor de 8 horas diarias; practicar actividad aeróbica; y evitar comida “chatarra”, alcohol y tabaco.
EJERCITAR EL CEREBRO
Para la doctora Cohen “también el entrenamiento del cerebro es un factor importante. Lo que no utilizamos habitualmente pierde su rapidez y efectividad. Por eso se aconseja la activación día por día del cerebro tal como lo hacemos con el resto del cuerpo cuando realizamos alguna actividad física”.
Y estas son algunas recomendaciones: ejercitar habilidades perceptivas como vista, gusto, oído, olfato y memoria de los eventos del día, como el menú del restaurant al que fuimos y con que personas hablamos, por ejemplo; ejercitar habilidades visuoespaciales: tratar de dibujar un plano, respetando distancias, detalles y volúmenes, de algún lugar dónde estuvimos durante el día; ejercitar habilidades lógicas: lo más fácil es con juegos como rompecabezas y sudoku y las habilidades verbales como resumir las noticias, el libro que estamos leyendo o una conversación.
También recomendó evitar la monotonía y cambiar las actividades rutinarias, por ejemplo: variar el camino al trabajo que ayuda a la flexibilidad cognitiva; realizar actividad física, deportes, caminatas, meditación, música y hasta juegos.
PARA LOS MAYORES
Por otra parte y en función de la salud mental de las personas mayores, según un estudio británico, si uno sigue trabajando después de la edad de jubilación podría evitar el mal de Alzheimer, o demencia senil.
Los expertos del centro de estudios King’s College de Londres analizaron a más de 1.300 personas que padecen de demencia senil, teniendo en cuenta factores como educación, empleo y jubilación.
La investigación halló que las personas que se jubilaron después que otras lograron evitar ser víctimas de mal de Alzheimer a diferencia de las personas que dejaron de trabajar a una edad más temprana.
Cada año de trabajo adicional fue asociado con seis semanas de demora en padecer de demencia.
“El estímulo intelectual que la gente mayor obtiene en el trabajo puede impedir una declinación de la habilidad mental, además que impide por más tiempo que la gente caiga en la demencia”, destacó Simon Lovestone, uno de los autores, en una nota de prensa.
Lovestone admitió, sin embargo, que los médicos no llegaban a entender totalmente cómo retrasar o evitar la demencia. Otros estudios han insinuado que a mayor educación menor riesgo de demencia senil.
Otros expertos dijeron que es necesario realizar más estudios para confirmar el resultado.
Suzanne Sorensen, directora de investigación de la Sociedad de Alzheimer, quien no participó en el estudio, dijo que en el caso de algunos hombres que se jubilaron a más temprana edad, hubo factores de salud como presión alta o diabetes, que acrecientan el riesgo de demencia senil.
El mal de Alzheimer es la causa más común de la demencia y abarca casi 60% de todos los casos. La demencia afecta a una de cada 20 personas mayores de 65 años.
Según una organización internacional para el mal de Alzheimer, se calcula que unas 30 millones de personas padecen de demencia senil en todo el mundo.
Fuente: www.quilmespresente.com

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